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¡Fuera la presión social!

  • Iglesia del Tercer Día: Jóvenes Iztapalapa
  • 20 feb 2016
  • 2 min de lectura

¿Alguna vez te has sentido forzado a esconder que eres un/una Hijo/Hija de Dios? A veces las personas se burlan cuando eres cristiano, te dicen "Aleluyo", "Santito", y sí, lastima. Así como seguramente le lastimaba a la mujer con el sangrado de 12 años, de la cual nos hablan en Mateo 9:12-26. En esta historia se nos relata que había una mujer que tenía un sangrado de 12 años y fue sanado al tocar el manto de Jesús. Cuando llegamos a sangrar de la nariz, o tenemos una hemorragia, nos sentimos cansados, agotados, sin fuerzas, ¿te imaginas cómo se sentirá sangrar continuamente durante 12 años? Debe ser horrible. En esos tiempos, la sociedad era muy retrógrada, religiosa, y con muchos prejuicios; si alguien se enfermaba debía estar en pecado, ¿te imaginas qué decían de esta mujer? Seguramente la tachaban de pecadora, y ella seguramente tenía un desánimo terrible

Piensa en esto: estás enfermo, y escuchas de un hombre que está haciendo milagros donde sea, ¡y escuchas que pasará por tu ciudad! Seguro correrías y empujarías por estar ahí y que te sanara. Pero, ¿te imaginas lo difícil que fue para esta mujer acercarse a Jesús? Multitudes rodeaban a Jesucristo, y para alguien debilitado por la enfermedad es algo muy difícil, tienes que abrirte paso entre la multitud, pero si estás débil, la sociedad te impedirá llegar a Jesús. Así como para esta mujer fue difícil llegar a tocar el borde del manto de Jesucristo, puede que la sociedad te lleve a esconder tu fe, que por la presión social te sientas apenado de confesar que crees en Dios.

A veces esta presión social la llegamos a sentir en la iglesia, ¡sí! En nuestra propia iglesia. Cuando está la alabanza y te dicen "¡Danza! ¡Grita! ¡Alaba a Dios con todo tu ser!", a veces puedes pensar: ¿Yo? ¿Saltar? Pero, ¿qué dirá el hermano que tengo al lado? ¡Va a decir que estoy loco! O que estoy exagerando, mejor no danzo... ¡NO! Cuando estás alabando, estás invitando a Dios a que entre a donde estás, éso significa que el Rey está ante ti, ¿y tú lo recibirás con cara de apático? Quítate la pena, quítate lo prejuicios, ¡que no te importe la presión social! Dios no ve lo que vemos los hombres, Él ve tu corazón, y si en tu corazón hay gozo, ¡demuéstralo! No tengas pena de danzar, de gozarte ante el Rey.

Así como la mujer pudo ir en contra de la sociedad y se propuso tocar el borde del manto de Jesús, y lo logró; tú puedes ir en contra de la sociedad, ¡ve en contra de lo que dicen! Si te dicen que estás loco, diles que lo estás, ¡estamos locos por Cristo!

 
 
 

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